• Sandra B

WABI SABI – La belleza de la imperfección




Wabi Sabi es la visión estética japonesa que se basa en la belleza de la imperfección y lo imperfecto es algo único. Se trata de una filosofía oriental que irrumpe en Occidente como una herramienta no solo para el desarrollo personal, sino también para la búsqueda de una existencia plena y feliz.

Wabi Sabi es el arte de la armonía y el bienestar en la imperfección, es la capacidad de encontrar belleza incluso en cosas sencillas. Se trata de todo aquello que hace referencia a la belleza tradicional japonesa que busca cosas imperfectas e incompletas. Es en definitiva, la aceptación de las cosas poco convencionales.

Es importante mencionar que Wabi Sabi no solamente hace alusión a factores externos, sino también a conceptos más profundos como la humildad, la sencillez, la soledad o incluso el abandono. Define un modo de vivir en paz con uno mismo y con el entorno, desde la simplicidad de la rutina diaria.

Wabi Sabi tiene su origen relacionado en el concepto budista de Tri Laksana, el cual afirma que todo lo que acontece en la naturaleza está sujeto a tres características fundamentales: la insustancialidad del yo, la transitoriedad y el sufrimiento.

Por eso es importante destacar que Wabi Sabi es un patrón estético oriental comparable a los cánones de belleza para los occidentales, que nada tiene que ver uno con el otro.

La palabra Wabi hace referencia a la sobriedad o moderación que impide la ostentación y el lujo. Justamente, es todo lo contrario a la extravagancia y al desperdicio. La palabra Sabi se refiere a la serenidad y a la tranquilidad que llegan con la edad o bien con la madurez intelectual. Por lo tanto, Wabi Sabi destaca la belleza en lo imperfecto, la grandeza que presenta lo simple, pero sin desestimar lo decadente del mundo, donde la tristeza y la desolación se funden en una absoluta melancolía.

En lugar de ver las abolladuras o las formas desiguales como errores, éstas se ven como una creación de la naturaleza, como el musgo que crece en una pared o un árbol que se curva con el viento. Se convierte en una proveedora de colores, diseños y patrones, una fuente de inspiración y una fuerza aliada, en vez de enemiga.

Los patrones naturales son simplemente bonitos, pero al comprender su contexto como elementos transitorios que resaltan nuestra conciencia de la impermanencia y la muerte, se vuelven profundos.

Así que contemplar los estragos del tiempo es una fuente profunda de belleza, lo desigual no es un defecto, sino un recordatorio de que la vida no es perfecta.

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